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En esta página iremos publicando los relatos cortos que vayamos recibiendo y que cumplan los siguientes requisitos: que tengan una extensión máxima de una hoja DIN A4 (una sola cara -cuerpo tipografía mínimo: 12) y que sean de temática negra.

Esta sección está co-organizada con el taller literario: La nave fue y volvió.

* Para hacernos llegar tus relatos, envíanos un correo electrónico a info@brigada21.com.

RELATOS

1.- Mixtura posible, de CbV.
Cuando el inspector entró en la sala lo único que quedaba de Madame Parmentie eran las varillas que sustentaban su escandaloso corsé. Sobre la mesa de laca china reposaba un ejemplar de Fahrenheit, un vaso corto con las miserias de un licor maltés, y su inseparable pitillera de piel. [seguir leyendo].

2.- Exterminio, de José Eduardo González.
La decisión estaba tomada y sólo debía ejecutarla. Libraría a la ciudad de esa dinastía de chacales, que la había dominado desde su fundación.

Comenzó por el patriarca, ahogándolo en su bañadera de grifos de oro. “Muerte por causas naturales”, dijo en su informe la policía, controlada por el clan, lo mismo que la prensa lugareña, que no se ahorró hipocresías al detallar la vida del muerto. [seguir leyendo].

3.- Dani, Gladis y todos los demás, de Marcos Polero.
Los dos niños están jugando silenciosamente sobre su cama compartida mientras, tras la cortina que separa en dos partes la casilla su madre atiende un cliente como casi todas las noches. Dani y Gladis son extremadamente silenciosos, han aprendido a no incomodar a mamá cuando trabaja. [seguir leyendo].

4.- Cara de ratón, de Chus Canal España.
Cara de Ratón era el peor secreta de la ciudad… si robaban un coche y apareceia el… le robaban a el el coche… si habia un robo de un bolso y aparecia el… le robaban a el la cartera… si apuñalaban a alguien en la calle y aparecia el… le apuñalaban a el… sus superiores no sabían que hacer… [seguir leyendo].

5.- Hoteles, de Enric Camarero Brú.
Cogió las llaves del armario del recibidor. Al cerrarlo aprovechó para hacerse un último repaso en el espejo de la puertecita, se acomodó mejor la bufanda y salió. Mientras esperaba el ascensor se alisó la falda, se ahuecó el pelo de la nuca y se puso las gafas de sol. [seguir leyendo].

6.- El riesgo de parecerse, de C. Pablo Lorenzo.
Miré la foto y tardé un par de segundos en darme cuenta que se trataba de la persona señalada, el dinero ya estaba en mi bolsillo, no confié nunca ni en los cheques, ni en los bancos, soy un asesino, odio a los ladrones institucionales, a los otros también, aunque de algún modo soy el ladrón supremo, le robo la vida a la gente. [seguir leyendo].

7.- Después, de Fernando Rosso.
Todo olió a corridas y gritos desenfrenados. Las sirenas desperdigadas por los aires y una lucecita blanca colgada de un cable virgen pintaban el escenario. El corazón no paraba de bombearle, el cuello le temblaba y la lengua se movía de manera epiléptica. [seguir leyendo].

8.- La testigo, de Hugo Astete.
Las calles se aquietaban, los rumores se dormían en la dilatada tarde, apenas algunos que otros coches avanzaban lentamente, ella como todos los días acomodó su silla junto a la máquina de coser que se encontraba cerca de la ventana, en el tercer piso del paupérrimo edificio, gastado por el tiempo… [seguir leyendo].

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