Archivo diario: 05/05/2007

El crimen de Nochebuena,

de Raúl Tristrán


Tristán, Raúl. El crimen de nochebuena. Zaragoza: UnaLuna Ediciones, 2006.

Un hombre es hallado muerto en una plaza pública donde está instalado un monumental belén, componinedo la escena como si se tratase de una figura más.

El detective Bruno Galván se verá envuelto, casi contra su voluntad, en el expediente que será conocido como “el caso Sande”. Una investigación que parece complicarse por momentos. Por suerte, contará con la inestimable ayuda de “El Club de las Nueve”, un grupo de amigos que tiene por costumbre reunirse los viernes en un célebre café para discutir los casos policiales de actualidad.

Los sorprendentes giros de los acontecimientos harán desenredar una trama y amena, que no nos dejará abandonar la lectura hasta su desenlace.

Raúl Tristán. Espíritu libre surgido de los aromáticos vapores de los caldos riojanos (Logroño, 1969). Será la imparable fuerza del Cierzo (Zaragoza), la que impulse su alma inquieta.

Su devenir curricular es fruto de la llama renacentista que en él prende: estudios de Psicología Clínica, Master en Medio Ambiente Urbano, Especialización en Ciencia Política. Un camino jalonado por numerosos cursos y seminarios.

Como escritor, en sus novelas lo mismo se sumerge en la cruda dureza del género negro que en las plácidas aguas de la épica fantástica, o en el esfuerzo investigador de la ficción histórica y la biografía novelada. En sus relatos, bebe de las fuentes mismas del misterio.

Es miembro de la Asociación Aragonesa de Escritores.

Su particular concepción del ciudadano como Homo politicus, y su rigor e independencia, le han hecho destacar como columnista y tertuliano de opinión en diversos medios impresos, digitales y televisivos. Su blog “Fuego Cruzado”, se ha convertido en referente de opinión de la actualidad social, cultural y política.

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L’H CONFIDENCIAL 53

Scerbanenco. Duca Lamberti
El más conocido de los autores italianos de novela criminal es sin duda Giorgio Scerbanenco (1911-1969), cuyos inicios en los años cuarenta no sobrepasaron tampoco el marco de la imitación anglosajona con las novelas protagonizadas por Arthur Jelling, un archivero de la policía de Boston. Pero veinticuatro años después Scerbanenco vuelve a la novela criminal y trae ahora un nuevo detective, un detective italiano y milanés, que se desliga completamente de la tradición policíaca extranjera y viene a inaugurar de hecho la moderna corriente literario-criminal del país.

Duca Lamberti es en realidad médico, hijo de un policía romañolo que marchó a Sicilia con la ilusión de combatir a la Mafia, pero sólo obtuvo una cuchillada en el hombro, que le paralizó el brazo. Destinado por ello a la burocracia policial milanesa, a costa de sacrificios consiguió que su hijo se doctorase en medicina y que ingresara en la clínica del doctor Arquate. Pero Duca Lamberti decepcionó a su padre. Llevado por su amor al prójimo, por su compenetración con el sufrimiento ajeno, inyectó ircodina a una anciana cancerosa consciente de su próximo fin y la mató. Y en el proceso subsiguiente fue condenado a tres años de prisión por practicar la eutanasia, sin posibilidad de seguir ejerciendo su profesión. Al doctor Duca Lamberti le conocemos –en Venus privada (Venere privata, 1966– cuando acaba de salir de la cárcel. Poco se sabe de su aspecto, únicamente, que era “más bien alto, más bien delgado, de rostro más bien desagradable”. Y que en ese momento le estaba prohibido el ejercicio de la medicina y carecía de vida. Por eso el doctor Carrua, compañero de su padre en la policía de Milán, le proporciona un modesto empleo que, como era de esperar, termina involucrándolo en un crimen. Lamberti se convierte poco a poco en colaborador de la policía a través de Carrua y va encontrando ocupaciones, a veces mediante propuestas ilegales que le incitan a llegar al fondo del asunto, relacionadas de algún modo con el delito. Duca Lamberti está en posesión de una serie de cualidades humanas de las que seguramente no es la menos destacada su capacidad para compenetrarse con el sufrimiento del prójimo. Sus historias –Traidores a todos (Traditori di tutti, 1966), Muerte en la escuela (I ragassi del massacro, 1968) y Los milaneses matan en sábado (I milanesi ammazzano il sabato, 1969)– no se limitan al puro enigma extendiéndose a los paisajes y ambientes milaneses contemplados con el crudo realismo que les confiere su estilo claro y vivo, pudiendo en ocasiones llegar a ser violento.

Salvador Vázquez de Parga. Los mitos de la novela criminal

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