Quiero ser como Philippe Marlowe

Autor: J. A. Beckett

Los Ángeles Blues

El blues es como el aire, empiezas a respirarlo y no te abandona hasta que te mueres.

Los Angeles 1937.

Allí estaba yo delante de la puerta de aquel club, al final de la av. 45 en el west side. Hacía una noche de perros, delante de mí un gorila 2×2 rapado a cepillo me miraba fijamente. Bajé el ala de mi sombrero, encendí un cigarro y le enseñé mi placa. Ábrete sésamo.

Aquel garito oscuro como la boca de un lobo era un auténtico antro. Nunca llevaría allí a mi abuelita. Unas cuantas mesas, unas cuantas sillas, un escenario y unos músicos de blues. Me acerqué a la barra, una rubia platino movió sus caderas bajo el estrecho vestido. No me sonrió. Aquella muñeca olía a un poli a mil yardas. Un bourbon please. Volvió a mover sus caderas. Definitivamente aquella preciosidad y yo nunca llegaríamos a nada, no era mi noche.

El local estaba casi vacío, humo, perversión y un par de negratas cargados de artillería que me miraban desde el otro extremo de la sala. Definitivamente no era mi día de suerte. Al fondo del salón cuatro hombres jugaban una partida de cartas. Mi presa estaba allí. Más alto, más fuerte y más guapo que yo. Cosas del destino.

El blues más que una música es un sentimiento, una forma de sentir.

Dejé a mi barra, a mi rubia y con pasos cortos me planté delante de mi hombre. El tipo escondido detrás de unas gafas oscuras me sonreía divertido. Juro que no vi nada gracioso a mí alrededor. Bajé el ala de mi sombrero, encendí un cigarrillo. Él sin perder la sonrisa me llenó un vaso de bourbon. Nunca bebo con cabrones. Aquella fue la señal, nunca en mi vida vi tanto armamento junto, los negratas, los compañeros de mesa, hasta la rubia tenía una pistola. Afortunadamente la banda seguía tocando.

Pero era tarde, mi magnum del 45 special star, se encontraba en aquellos momentos apoyado en la frente de alguien que dejó de sonreír. Nadie se movió. Al fondo escuché las sirenas de los coches de policía. Como siempre la poli llegaba tarde.

El blues nace de una tristeza, símbolo de una persecución

Todo había terminado felizmente. Me acerqué a la barra. La rubia platino enfundada en un traje rojo había desaparecido. Nunca llegaríamos a nada. De un trago me bebí mi bourbon. Cogí la botella y me llené de nuevo el vaso. Algún día tendría que dejar de beber.

La banda de blues seguía sonando. Levanté mi vaso. Va por vosotros.

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