Valores y sexo

Autor: John Ramart

Ella estaba durmiendo como un ángel, después de una descarga brutal de adrenalina. Yo estaba sentado al lado de una ventana fumándome un cigarrillo, viendo como el humo recorría mi cara, con los rayos de luz de la única farola de aquel patio mugriento, en el que solo se oían gemidos y vulgaridades. Había disfrutado como nunca. No podía imaginar que el sexo diera para tanto. Mi vida sexual había sido muy triste, hasta esta noche.

Estaba el día anterior tomándome unas copas en un lugar donde suelen ir solo hombres. El local era realmente asqueroso, donde no sabes donde apoyar tu brazo, porque te quedas pegado a la barra. El hielo se derretía en mi whisky. Era el momento de dar el último trago y retirarme, cuando se abrió la puerta del local y vi entrar aquel monumento de mujer, que hizo levantar a los cuatro sonámbulos. Lo primero que hice fue pedirme otra copa inmediatamente. Paso a mi lado, dejando un olor que no se como describirlo, pero me hizo despejar los sentidos. Mi gran desilusión fue ver como entro con un individuo muy aparente, que la estaba llamando, y no contestaba.

Se sentó en una de las sillas destartaladas, cuando el hombre que la acompañaba la cogio por el brazo y la empujo hacia la pared abofeteándola. Al ver eso me levante y sin decir nada, le cogi al individuo por la solapa y lo levante en vilo. El tipo asustado quería decir algo, pero no era el momento para hablar con el cañón de mi Mágnum en su boca. La chica se retiro asustada diciendo que por favor no le hiciera nada. Tranquila nena, este individuo no se quien es, ni me interesa, pero lo único que sé, que va a salir por esa puerta y no le vamos a volver a ver mas, porque sino, mi dedo, la próxima vez no va a dudar en pulsar el gatillo y dejar su hermosa cara como un trozo de carne de mostrador. Así fue como esta preciosa mujer y yo nos conocimos. Después me entere que aquel hombre era su chulo, y que era conocido en el barrio como un tipo de armas tomar. Desde aquel día no volví a verlo.

Ella se incorporo se vistió y dijo: John me tengo que ir, hasta la próxima, lo he pasado muy bien.

Nunca te juegues la vida por una mujer que no conoces por una noche de placer. Sigue tu camino. Cerró la puerta y se fue. Encendí otro cigarro, este me iba a saber más amargo, pensando en las palabras de aquella mujer. Nunca busque con ella una noche de placer, todo surgió a raíz de las circunstancias. No puedo permitir que a una mujer se la maltrate. Al ver las formas de ese chulo con ella, actué como mi conciencia me lo pidió. Todo lo demás fue natural. Sin embargo, pensó que todo lo hice por pasar un buen rato y que lo de la pistola fue una chulería. No sabe que si el individuo se hubiera resistido lo hubiera pegado un tiro, aunque ella se hubiera largado.

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